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por el amor a viajar

¿Qué pasa cuando se junta el hambre con las ganas de comer?

¿Qué puede pasar cuando se encuentran dos personas que desean lo mismo de la vida?

¿Qué se puede esperar de dos individuos que sueñan con lo mismo y, los cuales, tienen los mismos objetivos y necesidades? No cabe duda de que es muy difícil conocer a alguien que comparte contigo la misma manera de pensar, cuya filosofía es compatible con la tuya y te acompaña en lugar de frenarte y a la vez que respeta tu individualidad. Alguien que te apoya y empuja cuando te entra la incertidumbre. ¿Qué ocurre cuando se cruzan dos personas en el momento en el que deciden capitanear sus vidas de forma sincera, verdadera y con la mayor libertad posible? En definitiva, ser quienes escriban el guión de su propia vida.

“Se ríen de mí porque soy diferente. Yo me río de ellos porque son todos iguales” – Kurt Cobain.

Lo que nosotros tenemos claro, a mucha gente le parece una locura. Para muchos, todo lo que es poco habitual, insólito y diferente de lo que nos impone la mayoría, les produce una gran inquietud e intranquilidad. Por temor a lo desconocido y a lo inseguro, desisten de cumplir sus sueños, no dejan desplegar sus alas y empezar a planear en el aire, y lo ven como, por un lado, irreal e imposible, y por otro lado, ingenuo e infantil. Vibrando en la misma frecuencia y viendo el mundo con los mismos ojos, llegó el momento en el que intuimos que podríamos llevar a cabo nuestro proyecto juntos – ¿y porqué no? – el cual no es otro que: vivir viajando.

“En mi caso, no viajo para ir a un lugar en particular, sino por ir. Viajo por el placer de viajar. La cuestión es movernos” – Robert Louis Stevenson.

Somos dos almas inquietas, a las cuales les asusta la perspectiva de quedarse en el mismo lugar más de unos meses. Necesitamos movernos, desplazarnos, esa es nuestra gran necesidad, la cual, intentamos saciar viajando. Somos afortunados. La vida nos permitió darnos cuenta bastante temprano de que VIAJAR (no hacer turismo) es la única forma pura, verdadera y esencial de entender nuestro estar en el mundo.

Después de varios viajes – cada uno en solitario – y antes de conocernos, decidimos arrancar este gran viaje vital juntos cuyo prólogo será nuestro proyecto “Viajando a media luna”.

JOANNA: tuve que tomar mil decisiones erróneas y elegir mil caminos diferentes antes de que me diese cuenta a que quiero dedicarme en la vida.

“Solo se vive una vez. Pero si lo haces bien, una vez es suficiente” – Mae West.

Por lo tanto, decidí empezar a mirar el mundo de otra manera. Desde otro punto de vista – como una auténtica flâneur. Mi primer viaje CON MAYÚSCULAS, que he realizado de Madrid a Asturias en bici, me abrió la mente, me permitió confiar en la gente enseñándome a la vez cómo disfrutar de lo simple y apreciar la pura belleza de los lugares visitados y descubiertos por el camino.

Me preguntaron con mucha frecuencia, hasta el hastío: ¿Qué estás haciendo? ¿Viajas en bici? ¿Desde Madrid? ¿Sola? ¿Y no tienes miedo? Y vuelvo a repetir otra vez, igual como me gustaba contestar antes: a lo que hay que tenerle miedo es al miedo. Desgraciadamente, es verdad que desde pequeño, nos inculcan todo en lo que deberíamos de creer, pensar…

¿Cuándo surgió la idea de viajar? No soy capaz de determinar ninguna fecha exacta, ningún giro de los acontecimientos en mi vida en el cual hubiera podido percibir la causa de los próximos cambios. Creo que hay que madurar suficiente para decidir desviarse del camino que te indican quienes te rodean, encontrarse en el laberinto de las creencias equivocadas y coger la vida con tus propias manos. Lo fundamental es estar en el buen camino que cada uno se marca, sentir que se hace lo que se quiere hacer. Esta sensación te hace feliz y sentirte realmente plena. Estoy segura de que muchos momentos que he vivido, muchas personas que he conocido – buenas y malas – junto con sus historias y experiencias, todos los retos que he aceptado, muchos éxitos que he logrado y otros tantos fracasos que he pasado, tanto las ilusiones que te animan y te motivan, como las decepciones que te frenan y se quedan con tu última esperanza – todo forma parte de un gran equipaje, de una experiencia adquirida, de una sabiduría vital. Así que todo cuenta mientras que tú tomas apuntes y llegues a las conclusiones que te guían hacia donde ir.

Pienso que mi amor por viajar existía siempre pero estuvo dormido y con el paso del tiempo se despertó. Una vez habiendo empezado a descubrir y conocer el mundo, aunque al principio con paso tímido y prudente, ya no he podido dejar de viajar y vivir en el constante movimiento.

Realicé muchas excursiones por Polonia, disfrutando del gran testimonio natural y cultural de mi país. A continuación, hice viajes más largos, escogiendo destinos más lejanos, me iba al extranjero. He visitado, entre otros, Grecia, Egipto, Croacia u Holanda – cada vez iba teniendo ganas de más. De todas maneras, esta forma de viajar la considero como “hacer turismo”. Mi verdadero espíritu viajero se liberó cuando llegué a Madrid, deseando conocer y ver con mis propios ojos todo lo que había aprendido durante mis estudios de Filología Hispánica. Me dispuse a hacer excursiones cortas, pero improvisadas y espontáneas, sin ninguna organización y sin ningún preparativo. Buscándome la vida. Me di cuenta de que esta manera de viajar me da energía, estimula sentimientos irrepetibles y sobre todo despierta esta única sensación – la sensación de VIVIR.

Recuerdo como si fuera hoy, cuando durante una de mis expediciones “desorganizadas” alquilé una bici para poder conocer Valencia de un modo que no sería posible de ninguna otra forma. Así conseguí unir las dos cosas que me hacen sentir libre y me permiten estar en movimiento continuo – los viajes y la bici.

NELSON: Desde niño, en mi pueblo natal y siempre acompañado de mi bici, sentía una inquietud incontrolable por cruzar los límites “seguros” que mis padres y abuela me establecían. En muchas ocasiones, me atreví a adentrarme en ciertas partes del bosque, del río, de la naturaleza… en las que otros niños no accedían por miedo, por incertidumbre… En mí, se generaba una sensación indescriptible de emoción, adrenalina, magia y descubrimiento con la que mis sentidos se desplegaban hasta cotas inimaginables.

Más adelante y en plena adolescencia, recuerdo muy bien haber comprado un mapa enorme de Europa, con la ilusión y el sueño de empezar a recorrerla a pie nada más cumplir la mayoría de edad. Antes de dormir, noche tras noche, mis ojos viajaban por las innumerables carreteras, caminos, valles, lagos, playas y montañas de la vieja Europa, de una forma vívida y onírica, a la vez. Al final, no fue así por mis estudios universitarios de arquitectura; aunque por el tipo de planteamiento de la carrera y mi enfoque personal, en cierto modo, también viví esa etapa vital como un gran viaje interior. Durante estos años de formación universitaria, intercalé, con los preceptivos viajes en grupo de la escuela de arquitectura, una serie de viajes en solitario por Europa (¡por fin!) con mochila y bajo coste, en los que fui buscando y visitando aquellas obras de arte, arquitectura y ciudades que tanto impacto habían tenido en mi formación como arquitecto. Sentirlas de una forma tan cercana, íntima y en soledad me aportó un redescubrimiento y conocimiento de ellas único.

Otros recorridos en solitario, tuvieron una temática más personal y de autoconocimiento. Pienso que este tipo de viajes, es muy importante vivirlos de forma individual; pero también, he llegado a la conclusión de que en muchos instantes desearía haber compartido paisajes y momentos únicos con alguien de sensibilidad compatible, ya que siento que la felicidad nunca será plena si no se comparte.

Llegado a este punto, en mi opinión, la única forma verdadera de VIVIR (en mayúsculas) es vivir VIAJANDO; donde cada día es un nuevo nacimiento, cargado de descubrimientos, en el que inventas, conoces, sobrevives, te superas, donde de verdad tocas la tierra, mojas tus manos, hueles la atmósfera… y más, claro está, si lo haces a lomos de tu bicicleta, como lo hacemos nosotros, dejando a modo de firma infinita nuestra línea de rodada por el mundo.

“…a donde quiera que vayan y sea lo que sea que hagan, los hombres trazan líneas: caminar, escribir, dibujar o tejer (el territorio, la arquitectura, los cuerpos), son actividades en que las líneas son omnipresentes, al mismo nivel que la voz que dice, las manos que hacen o los pies que andan. Los hombres no dejan de hacer líneas, pues cualquiera que sea el lugar hacia donde se vaya, uno puede siempre ir más lejos.” Tim Ingold

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Joanna Wójcik y Nelson Bardón, dos amantes de los VIAJES, el ARTE y la FOTOGRAFÍA. Desemos compartir nuestros descubrimientos, experiencias, fotografías y propuestas artísticas a raíz de nuestros viajes. Entendemos que la felicidad nunca será plena si no se comparte.
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